Contenido de la Exposición

Miquel Navarro instaló en el patio del claustro una de sus célebres ciudades, fascinantes montajes en los que el artista juega con la escala -lo grande y lo pequeño-, con el tiempo -el pasado y el presente-, con los ámbitos del ser humano -la realidad y la fantasía- y con las propias modalidades artísticas, valiéndose de su peculiar ambigüedad entre la escultura y la arquitectura, lo que él llamó "paisaje escultórico", y de la contradicción que supone una ciudad desierta de pobladores, compuesta sólo por inmóviles formas geométricas.

En el centro del patio se alzaba un templete escalonado sobre el cual se elevaba una cruz; a los pies de este conjunto se extendía la ciudad de Navarro, en un diálogo con los elementos arquitectónicos de la propia catedral. Pero las piezas de las instalaciones de Miquel Navarro nos llevan aún más lejos en la Historia, nos conducen hasta las formas legendarias de las ciudades bíblicas, evocadas a través de las formas e incluso los colores propios de los conjuntos medioorientales y mediterráneos que la arqueología ha ido sacando a la luz, a veces en medio del desierto e impregnados de los matices y las texturas de éste. En ocasiones, su aparente fragilidad nos hace imaginar un escenario de destrucción, consecuencia del pecado y la cólera divina. Y las poderosas formas verticales que se yerguen desafiantes semejan otras tantas Torres de Babel momentos antes de la confusión.

Esta sugerente instalación es el centro alrededor del cual se desarrolló la exposición. En uno de los laterales del claustro, con acceso directo desde la calle, se disponían cuatro vitrinas de Carmen Calvo a modo de nichos y cuyo contenido es una serie de objetos que recuerdan los exvotos conservados en tantas iglesias. La presencia de estos elementos cerca de la "ciudad" de Navarro compone con ésta un relato de la vida humana: el cementerio en las proximidades de la urbe, la vida y la actividad de las que ésta es escenario y la conclusión de la propia vida humana. Y por encima de todo ello: la cruz como un mensaje de serenidad.

Las piezas son también a modo de disjecta membra que recapitulan la vida y el cuerpo del ser humano, definitivamente fragmentados por alguna labor calladamente destructora, acaso la del tiempo, o al contrario, meticulosamente recogidos, clasificados, ordenados; salvados del olvido, de la desintegración última.

En una capilla del claustro -la sala Diego Porcelos- se colocaron unas obras de Navarro y Calvo que suponían sendas interpretaciones de una de las grandes modalidades del arte religioso: el retablo. Son piezas de 3 por 2,30 metros, realizadas en técnicas tradicionales, con pan de oro y a las que incorporan iconografías contemporáneas.

Ante estos retablos se extiende otra ciudad de Miquel Navarro, y rodeando el conjunto una serie de obras fotográficas de Carmen Calvo sobre temas relacionados con la vida religiosa, tales como la Pasión o escenas de bodas.

Rafael Sierra
Comisario de la exposición