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La vida, la historia de una ciudad es similar a la de una familia. Tiene su pasado lejano, semejante a un recién nacido –fundación de la ciudad- que se convierte pronto en un bebé que comienza a gatear y a balbucear –Edad Media-, para pasar a ser paulatinamente un niño inquieto y un adolescente atrevido y dinámico –Edad Moderna-, hasta llegar a la madurez –Edad Contemporánea-. Así como cambiamos las personas, y nos transformamos, a veces imperceptiblemente, también evolucionan las ciudades. Cualquier ciudad se ha ido construyendo por una acumulación de tiempo. “Las ciudades no se fundan, sino que se forman”, dijo en su día el profesor Cesare de Seta. Y así es. La historia de una ciudad es como un palimpsesto sobre el que se va escribiendo y reescribiendo constantemente, transformando su historia, su urbanismo, su composición social primitiva… El Burgos actual es el resultado de un largo recorrido que comenzó hace miles de años y que, más recientemente, se remonta al año 884. Por este Valle de las Flores, que es el valle que conforman los ríos Arlanzón, Pico y Vena, han hollado sus caminos y calles legiones romanas, razias árabes, peregrinos, regatones, artistas, monjes, mercaderes y pastores, ejércitos franceses y viajeros procedentes de los países más variopintos que observaban, admirados, sus palacios, sus iglesias y sus gentes. Gracias a todas esas aportaciones realizadas a través de los siglos, la ciudad ha ido acumulando un poso rico de historia y de arte, que guarda como un tesoro esperando a que sea descubierto. Esas riquezas, desconocidas para muchos, queremos ofrecerlas, sintetizadamente, en este libro que tiene en sus manos, y que intenta ser una primera aproximación a la historia de Burgos, realizada de una forma amena y sencilla –que no simple-, para que los niños y niñas se familiaricen con sus raíces y con la riqueza histórica de su ciudad, igual que lo hacen cuando ojean las fotos antiguas de la familia y van distinguiendo quiénes fueron sus abuelos, sus tíos o sus padres tiempo atrás. Pensamos que es un primer contacto, imprescindible, para ir conociendo la historia de la ciudad en donde viven, y así amarla con mayor intensidad.
Relatos en los que podríamos disfrutar de los elefantes, mamuts, osos y tigres dientes de sable abrevando en las riberas del Arlanzón. La misteriosa muerte de Felipe el Hermoso. Napoleón cabalgando por el paseo del Espolón. Mercaderes burgaleses haciendo negocios por buena parte de Europa. El pozo del Castillo, la Cueva del Moro, los restos de los alarifes árabes que aún se conservan en muchos de los monumentos de la ciudad. Y de la historia del venerado Cristo de Burgos que, según la tradición, fue encontrado en alta mar y sus pies reposan sobre unos huevos de avestruz… Tantas y tantas historias… |