Presentación
Tras una breve y desconcertante enfermedad, el rey de Castilla, Felipe I el
Hermoso, falleció el 25 de septiembre de 1506 en la Casa del Cordón, la
residencia burgalesa del condestable de Castilla. Apenas habían transcurrido
dos meses desde su coronación, con lo que su huella como monarca no puede ser
profunda, pero no hay que olvidar que también fue archiduque de Austria y duque
de Borgoña, que fue padre de seis hijos, todos reyes e incluso dos emperadores
–Carlos y Fernando– y
que por su matrimonio con Juana, hija de los Reyes Católicos, fue una figura
clave que unió las Casas de Borgoña y Austria-Habsburgo con la Monarquía
española, unión que coincidió con la época de mayor expansión hispana. No
obstante, la Historia no le ha prestado la atención merecida, es más, con
frecuencia su vida, como la de su esposa Juana I, sobre todo durante el
Romanticismo del siglo XIX, ha caído en manos de la leyenda, donde la fantasía
impide ver la realidad. Esta exposición, ubicada en el palacio donde vivió y
falleció, quiere acercarse al entorno del personaje a través de las artes,
omnipresentes en la etiqueta de la Casa de Borgoña, con lo que trasciende el
interés estético para convertirse en expresión de una determinada forma de
vida.
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